martes, 22 de abril de 2008

CLINT EASTWOOD

Continuamos nuestro recorrido por los directores de cine más importantes de nuestros tiempos dando un repaso a la carrera de Clint Eastwood, icono del spaghetti-western de Sergio Leone en los sesenta e inspector Harry en los setenta.

En 1976 debuta como director con “El fuera de la ley”, western que se enmarca dentro del cine clásico que marcará toda su carrera como realizador. En sus primeras obras recoge la sensación que inunda a unos EEUU marcados por la Guerra de Vietnam, una sociedad a la deriva y desencantada con sus dirigentes.

En “Bronco Billy” (1980) encarna a un auténtico cowboy en una América cínica y materialista presa de su propia dinámica, en una llamada reconocer las diferencias de un país y aceptarlas como propias e inherentes a su nacimiento.

Más tarde, en 1985 con “El jinete pálido” llega su “versión” de “El nacimiento de una nación”, de cómo en unos hombres desheredados nace la idea de la resistencia ante la tiranía y la fuerza de la democracia. Mientras tato, en “Bird” (1988) tenemos un biopic en el que Clint nos muestra a ritmo de jazz su lado más “negro” y musical.

En el primer quinquenio de los 90 nos encontramos con su época más acertada, encadenando obra maestra tras obra maestra: “Sin Perdón” (1992), “Un Mundo Perfecto” (1993) y “Los Puentes de Madison” (1995). Con la primera retoma el género western, en una película que busca el origen de la violencia y de la confrontación, con un soberbio Gene Hackman. “Sin Perdón” es para muchos una especie de epílogo del género más histórico del cine. “Un Mundo Perfecto” ahonda en las relaciones paterno-filiales y, de nuevo, en la violencia como culpable de la inexistencia de, como bien dice el título, un mundo perfecto. En “Los puentes de Madison” nos encontramos con el Eastwood más romántico, en una historia de amor corta pero intensísima en el que nos hacemos eco de la cárcel sentimental de las amas de casa.

“Medianoche en el jardín del bien y del mal” (1997) es en realidad la historia de una comunidad en la que cohabitan al mismo tiempo sueños y perversiones. El tema de las comunidades se repetirá a lo largo de su carrera.

“Mystic River” (2003) y “Million Dollar Baby” (2004) se han convertido, y con méritos propios, en grandes clásicos de nuestra época. En la primera se recurre de nuevo a las pequeñas comunidades con grandes y oscuros secretos guardados por amigos enfrentados. “Million Dollar Baby” se convierte quizás en su obra más aplaudida por el gran público y de nuevo nos encontramos con el tema de las relaciones pseudo paterno-filiales, con el mundo del boxeo, los prejuicios y algún dilema ético que aquí no revelaremos.

En sus dos últimas obras nos sumerge en la Segunda Guerra Mundial, concretamente en la batalla de Iwo Jima, en “Banderas de Nuestros Padres” en el bando estadounidense, mientras que en “Cartas desde Iwo Jima” en el bando japonés, en un ejercicio de neutralidad.

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