jueves, 10 de abril de 2008

Una vuelta por la carrera de David Lynch...


Con motivo de la reciente visión de “Inland Empire”, del gran realizador de nuestros tiempos David Lynch, hemos optado por hacer un breve repaso a su fructífera carrera.

Ya desde sus tempranos inicios en el mundo del cine mostraba un intenso interés, obsesión para algunos, por la deformación de la realidad, el surrealismo y lo oscuro del ser humano. En 1977 se estrena “Cabeza Borradora”, que tras un largo rodaje debido a los problemas de financiación, finalmente encontró un hueco entre el público de cine independiente. En su primer largo ya encontramos algunos de los rasgos que definirían el cine de David Lynch, como es la plasmación en la pantalla de las experiencias que más le marcas, los toques de surrealismo, lo grotesco, lo extravagante y esa manera particular de adentrar al espectador en la historia.

Su acercamiento al público se produjo con “El Hombre Elefante” (1980), biopic de un hombre con deformaciones en la cabeza que le impiden relacionarse socialmente de una manera normal que consiguió un gran éxito comercial. De nuevo Lynch optaba por el blanco y negro y las historias llenas de deformaciones.



En 1984 llegaba el que quizás ha resultado ser el mayor tropiezo de su carrera, la adaptación a la gran pantalla de la novela de ciencia-ficción “Dune”, un proyecto por encargo que Lynch aceptó con la condición de que fuera producida una segunda película en la que el realizador mantendría el control creativo. La superproducción resultó un gran fiasco comercial y a nivel de críticas. En 1986 llegaba a las pantallas “Terciopelo Azul”, la película prometida por el productor De Laurentiis que logró convertirse en uno de los films más memorables de los 80. Quizás se trate de la obra más representativa de David Lynch, con una historia situada en una pequeña comunidad en la que se esconden oscuros secretos tras sus muros (como en “Twin Peaks”, de la que más tarde hablaremos). Muestra de lo horrible y sádico del ser humano, a Lynch se le ocurrió la idea del film cuando un día vio a una mujer desnuda y corriendo por la calle de noche. Inolvidable la interpretación de Dennis Hopper como psicópate, así como de un Kyle MacLachlan testigo de horrores que jamás pensaba que existirían.

“¿Quién mató a Laura Palmer?”. Esa fue la frase más popular de la televisión de comienzos de los 90. El fenómeno de “Twin Peaks” es difícilmente comparable. Mejor dicho, el fenómeno de su primera temporada. En la segunda las audiencias decayeron, el público se cansó de no encontrar respuesta y de tanto exceso surrealista, de manera que al término de la temporada fue cancelada, dando lugar al estreno de una película que explicara lo que todo el mundo ansiaba conocer: quién asesino a Laura Palmer. “El Fuego Camino Conmigo” logró unas críticas que distaban de la de la serie mítica de televisión, de hecho parecía un tanto improvisada y descuidada.

En cine Lynch continuó con “Corazón Salvaje”, una road movie que consiguió premios en su año, pero que no ha sobrevivido al paso del tiempo, básicamente por una estética un tanto peculiar. Esta es quizás la época más impopular del realizador, que más tarde remontó su carrera.
Su segunda época dorada comienza con “Carretera Perdida” (1997), un rompecabezas con toques de cine negro a ritmo de rock industrial y una banda sonora del siempre fiel Angelo Balamadeti. En 1999 sorprendía a todo el mundo con “The Straight Story” (“Una Historia Verdadera”), la sencilla película, basada en hechos reales, que contaba las andanzas de un anciano que, tras un largo tiempo sin ver a su hermano, decide reconciliarse con él, y para ello decide viajar a través de varios estados con un viejo cortacésped. Esta bellísima película consiguió un gran éxito público y su acercamiento a otro tipo de público.

“Mulholland Drive” iba a convertirse en una serie, incluso se rodó un episodio piloto de dos horas, que más tarde se modeló hasta convertirse en el largometraje definitivo de David Lynch, unión de lo mejor de su cine, con el Hollywood más oscuro de trasfondo. Lo onírico, surrealista y crudo se dan de la mano en una película que recuerda a la música: no hay que esforzarse en encontrarle en un sentido, solo sentarse, relajarse y sentir.

A finales de 2006 aparecía “Inland Empire”, film en la línea de “Mulholland Drive” y “Carretera Perdida” pero aún más excesiva, retorcida y pesadillesca.

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