Las Hurdes fueron conocidas en el mundo entero a través de las imágenes que la película de Buñuel mostró sobre esta región extremeña, convirtiéndose en un documento socio-político-antropológico sin precedentes. Ni que decir tiene que la imagen que la sociedad actual tiene de esta comarca montañosa de quinientos kilómetros cuadrados ha cambiado. Volver algo más de setenta años después supone constatar innumerables cambios como así queda de manifiesto en la película-documental de Montxo Armendáriz. Pero para entender este film debemos, antes que nada, hacer dos apreciaciones:
• catalogar su género: es un mediometraje, que no documental. El género del documental (ciñéndonos al diccionario de la RAE), ya sea un programa televisivo o película cinematográfica, representa, con carácter informativo, objetivo y didáctico, hechos, escenas o experimentos tomados de la realidad.
• contextualizarlo en la narrativa surrealista del realizador : No debemos olvidar que L. Buñuel entró a formar parte del movimiento surrealista nada más llegar a Francia. En las Hurdes, Buñuel descubre por sí mismo lo que en otro tiempo señalará André Bretón: la propia realidad puede ser tan surrealista como la imaginación más alucinante. La agresión al espectador que era un componente buscado en “Un perro andaluz” e incluso en “La edad de oro”, aparece aquí de nuevo: la visión de la película produce un fuerte y escalofriante contraste entre la dureza agresiva de la “realidad” y el tono de lectura de la voz en off, un tanto impasible también ante los horrores que desfilan por la pantalla.
Es necesario comenzar citando algunos autores del primer tercio de nuestro siglo. En primer lugar, L. Buñuel y su colaborador P. Unik, después el gran especialista de la época, el francés M. Legendre y también el doctor G. Marañón, amigo de éste último.
En 1922, en un viaje de reconocimiento médico-sanitario para preparar la visita del Rey Alfonso XIII, el doctor Marañón escribió que Las Hurdes constituían un problema sanitario y que las alquerías altas deberían haber sido abandonadas porque sus tierras de cultivo eran demasiado pobres. Esta radical propuesta de reagrupación ya la habían formulado dos siglos antes los obispos Porras Atienza y Vicente y Cebrián que, entre 1684 y 1734, propusieron a los hurdanos el concentrarse en lugares menos altos y menos escarpados.
Marañón, Bardají, Goyanes: Memoria médica (1922)
El jurdano de los pueblos bajos que tiene elementos aunque rudimentarios de organización social, se alimenta poco más o menos, como el de cualquiera de las muchas regiones pobres de nuestro país (…) pero en los poblados de las alquerías atas (…) la mayor parte de los vecinos carecen del trozo de tocino y aun del aceite con que dar una exigua sustancia al puchero (…) hay un mal en Las Hurdes: es el hambre aguda (…). En la patogenia de las endemias bociocretínicas interviene en primera línea un factor hipoalimenticio (…)
A pesar de que se apoyan en la tesis de M. Legendre, las observaciones de L. Buñuel y el guión de la película, redactado por P. Unik y presentado bajo el género del documental no están exentos de errores. Es ya casi conocido por todo el mundo que la escena donde la cabra se despeña por un desfiladero fue provocada (mediante un tiro a bocajarro) y realizada desde dos emplazamientos de cámara diferentes, desde dos ángulos. Otra de las que se tiene constancia es la escena del burro que agoniza envenenado por una colmena de abejas donde el animal fue untado de miel en su totalidad para que surtiera tal efecto. No obstante, el guión, tal y como lo justifica Mauricio Catani , presenta ciertas irregularidades.
Unik: Resumen del guión de ciertas escenas de la película.
Para cubrirse sólo tienen los harapos que traen los mendigos del exterior.
Las provisiones de patatas o de judías se terminan en mayo o en junio, entonces comen cerezas aún verdes que les producen disentería. Sólo conocen la carne de cerdo pero únicamente los “ricos” pueden matar uno al año.
Tres niñas comen trozos de pan duro. El maestro les ha dado este alimento casi desconocido y se los hace comer deprisa por miedo a que los padres se los arrebaten.
Los trajes los proporcionan los hurdanos que emigran durante varios meses del año a tierras de Castilla y de Andalucía, donde se dedican, sobre todo, a la mendicidad. Los meses de mayo y junio son los más duros para los habitantes e Las Hurdes, que en esa época han agotado sus provisiones de patatas y que entonces se alimentan de cerezas, y como el hambre les impide esperar a que maduren, se las toman verdes, lo que les provoca disentería. Maurizio Catani quita importancia a los comentarios que hicieron a propósito del cerdo “devorado en tres días” Si tuviéramos que tomarla al pie de la letra, la afirmación sería cuando menos, incompleta.
Lo que si es cierto es que, ahumadas y conservadas en manteca o en aceite, las provisiones de carne eran insuficientes para cubrir las necesidades e un año. Así, para tener un poco de grasa para consumir de abril a mayo, los Hurdanos solían trocar los jamones por dos veces su peso en tocino sin que por ello consiguieran dar sustancia, durante mucho tiempo, a la sopa o a las patatas que también terminaban acabándose.
En cuanto a la escena de las niñas que comen un mendrugo de pan empapado en agua, a los hurdanos de hoy les parece una barbaridad ofensiva pero que tal vez podría haber sido posible: el padre tenía que guardar sus fuerzas para trabajar, y se ha visto, incluso en nuestros días hasta qué extremos puede llevar el hambre.
Buñuel: Tierra sin pan (conferencia pronunciada en los Estados Unidos)
Gracias a la visita del rey y al magnífico libro el profesor francés Legendre sobre esta región que estudió en profundidad durante veinte años, fui informado de su existencia y tuve el deseo de rodar un documental objetivo, una especie de estudio de geografía humana sobre el tema. Sin embargo, nadie quiso darme el poco dinero que pedía para producirlo. A algunos la idea les parecía repugnante, otros tenían miedo de perder sus fondos, otros decían que no era justo mostrar España desde esa óptica.
(…) Sólo hacíamos una comida al día, al regreso del trabajo, la devorábamos como leones. El ejercicio físico y el deseo morboso de comer, porque nos encontrábamos en una zona donde no se come, contribuían a ello. El primer día intentamos comer en el lugar del trabajo, pero todo el mundo salía para vernos comer. Nos miraban con avidez, y los niños se precipitaban para recoger las mondas de chorizo o los trozos de pan que dejábamos. Por eso decidimos no comer más durante el trabajo.
lunes, 28 de abril de 2008
LAS HURDES, TIERRA SIN PAN
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1 comentario:
Menos mal que ya no nos conocen a los extremeños, como cuando se distribuyo este documental por el mundo.
Aun así lo que Buñuel hizo fue una denuncia de como se encontraba este lugar.
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